Aventuras en Marruecos que disfruta toda la familia
Viajes privados para familias tal como son, con niños pequeños que quieren explorarlo todo, adolescentes aventureros y abuelos que no quieren perderse nada. Guías expertos, un ritmo flexible, alojamientos donde a los niños se les recibe con gusto y experiencias de las que se seguirá hablando durante décadas.
Los riads con los que trabajamos han pasado por restauraciones de varios años. Son palacios del siglo XVIII en los que el zellige se ha repuesto a mano, pieza a pieza, y cuyos techos de cedro han tallado artesanos formados en los métodos tradicionales. Tienen patios que los niños pueden recorrer sin peligro mientras los adultos se fijan en la arquitectura, y azoteas donde la familia se reúne a la hora del té con vistas sobre la medina.
Recorrerán medinas donde los niños aprenden historia tocándola, no leyendo carteles. Cocinarán tajín en casas de familia, con abuelas que enseñan lo que aprendieron de sus madres. Habrá cascadas a las que llegar caminando, kasbahs de montaña donde dormir y paisajes de desierto. Todo esto funciona a cualquier edad porque es activo, visual e interesante por sí mismo, sin simplificarlo para los niños ni infantilizarlo para los adolescentes.
Nos ocupamos de la logística que agota a los padres: transporte seguro, alojamientos que conocemos bien, guías que saben que a un niño de ocho años no se le habla como a un adolescente y margen para cambiar los planes cuando haga falta. Ustedes se mueven por Marruecos con tranquilidad mientras los niños viven una inmersión cultural que recordarán mucho tiempo.
Detalles del viaje
Para quién es este viaje
Familias con niños, de los más pequeños a los adolescentes, que quieren conocer la cultura del país. Grupos de varias generaciones que buscan planes capaces de entusiasmar a abuelos y nietos a la vez. Padres que quieren que el viaje enseñe algo sin renunciar a la comodidad ni a la seguridad.
Duración habitual
8-14 días
Presupuesto orientativo
$2,400-$4,200 por persona
Tipo de viaje
Completamente privado, ritmo flexible, inmersión cultural
¡Vivimos una experiencia maravillosa con Yalla Visit Morocco! La gente fue extremadamente amable, servicial y acogedora. Todo estuvo muy bien organizado y el servicio en su conjunto fue sumamente profesional de principio a fin. Nos sentimos bien atendidos en todo momento. ¡Recomiendo muchísimo Yalla Visit Morocco a cualquiera que visite Marruecos!
Traducido del inglés por Yalla Visit Morocco
Texto original (inglés)
We had a wonderful experience with Yalla Visit Morocco! The people were extremely friendly, helpful, and welcoming. Everything was very well organized, and the whole service was highly professional from start to finish. We felt well taken care of throughout the entire experience. I highly recommend Yalla Visit Morocco to anyone visiting Morocco!
Estos itinerarios son un punto de partida, construido a partir de lo que funciona en la práctica con familias. La mayoría los adapta: cambian de hotel, ajustan el ritmo, añaden o quitan actividades según la edad y los gustos de sus hijos. Para eso están.
Donde empiezan las historiasPrimeros pasos en la arenaValle de las maravillas
Tema: Lo esencial de Marruecos para familias con niños
Ideal para: Primer viaje a Marruecos, familias con niños de 5 a 16 años, abuelos incluidos
Ritmo: Cómodo, con actividades y tiempo de descanso bien equilibrados
Su conductor les espera a la salida de la aduana con toallas frías y agua embotellada, pequeños gestos que anuncian el trato de los próximos días. El trayecto cruza los palmerales y deja las primeras imágenes: muros rosados que asoman entre el verde, motos que se abren paso entre carros tirados por burros, lo antiguo y lo moderno conviviendo sin estorbarse.
Se cruza una puerta discreta en un callejón tranquilo y, de pronto, aparece un patio con una fuente que murmura bajo los naranjos. Los niños descubren la piscina al instante y la hacen suya mientras los adultos se detienen en los arcos de yesería tallada, el zellige y esa calma de refugio. Las habitaciones comunicadas dan a cada uno su espacio sin que nadie quede lejos.
La primera cena se sirve en la terraza del patio, a la luz de los faroles, mientras la llamada a la oración de la tarde se extiende por las azoteas. La comida es sencilla (pollo a la parrilla, cuscús de verduras, pan recién hecho) sin dejar de ser inconfundiblemente marroquí, una forma suave de empezar. Dejen que el jet lag haga lo suyo esta noche. Mañana empieza la aventura en serio.
Alojamiento: Riad familiar con piscina y habitaciones comunicadas, Marrakech
Día 2 Descubrir Marrakech
Su guía llega después del desayuno. Sabe que a un niño de siete años y a un adolescente no les asombra lo mismo. Para los pequeños, una búsqueda del tesoro por los zocos en la que hay que contar gatos y encontrar colores concretos. Para los mayores, las historias que hay detrás de los talleres donde se martillea el latón y se tiñe el cuero con métodos que no han cambiado en siglos.
La medina se vive como una aventura, con callejones estrechos que desembocan en plazas inesperadas, el olor a viruta de cedro que sale de una carpintería y el martilleo acompasado de los caldereros. Aquí los niños tocan lo que en un museo solo se puede mirar. El guía ajusta el tono sobre la marcha: historia para los curiosos, cuentos para los soñadores y buenas fotos para los abuelos que lo quieren documentar todo.
Almuerzo en una azotea frente a la geometría imposible de la medina, donde minaretes, antenas parabólicas, tendederos y nidos de cigüeña conviven como pueden. Después, vuelta al riad. La tarde de piscina tiene su razón de ser, porque todos necesitan desconectar un rato y Marruecos seguirá ahí mañana.
Por la noche hay que elegir entre el ambiente de feria de la plaza Jemaa el-Fna, con sus encantadores de serpientes y sus acróbatas, y una cena tranquila en el riad. Las dos opciones son buenas, y pueden decidir según cómo estén los niños y cuánta energía les quede a ustedes.
Alojamiento: Riad familiar, Marrakech
Día 3 Montañas del Atlas
En una hora la ciudad ha quedado atrás. La carretera sube en curvas cerradas entre bancales aferrados a pendientes imposibles y aldeas bereberes que parecen brotar de la roca. Los niños van pegados a la ventanilla, porque el paisaje no para de cambiar: los palmerales dejan paso a los enebros y, a lo lejos, asoman las cumbres nevadas.
Parada en una cooperativa de mujeres que elaboran el aceite de argán a la manera tradicional. Se oye el chasquido de las nueces al partirse entre dos piedras, huele a tostado y los niños pueden probar a moler. Las mujeres sonríen ante sus intentos, y de esos pequeños encuentros nace un entendimiento que no necesita idioma común.
Té con una familia bereber en su casa del pueblo, gracias a la relación que nuestros guías han ido cultivando con ellos durante años. Los niños de las dos familias se conocen, y la barrera del idioma se deshace entre juegos, carreras y risas. Los abuelos ven cómo vive la gente aquí y cómo la hospitalidad salta por encima de cualquier diferencia cultural. Es de esos momentos que luego pesan en el recuerdo más de lo que uno espera.
El lodge de montaña aparece cuando la luz de la tarde dora los valles. En la piscina se reflejan las cumbres nevadas, y las terrazas bajan escalonadas entre jardines donde cantan pájaros que no conocen y cuyo canto recordarán. Muchas familias dicen después que este fue su sitio favorito, por el aire, por el silencio y por la sensación de haber llegado a un lugar auténtico.
Alojamiento: Lodge familiar con vistas al valle y habitaciones en distintas configuraciones, montañas del Atlas
Día 4 Montañas del Atlas
Esta mañana no suena el despertador. El desayuno llega cuando estén listos: miel de la zona sobre pan tibio, huevos de las gallinas que se oyen cerca y zumo exprimido delante de ustedes. El aire de la montaña huele a hierbas silvestres y, poco a poco, todo el mundo se relaja.
Las familias con hijos mayores o adolescentes con ganas de aventura suelen elegir la excursión a la cascada. Son dos horas de camino entre nogales y junto a antiguas acequias, hasta unas pozas de agua tan clara que invitan al baño. El guía conoce a todas las familias de las aldeas del camino, y los niños saludan y practican su inglés. Con niños pequeños hay paseos más cortos entre mariposas y flores silvestres, o la opción de quedarse en el lodge, donde la piscina se come las horas sin que nadie lo note.
Por la tarde, taller en la cocina del lodge. Es la actividad en la que más se implican los niños, que hacen rodar la sémola del cuscús entre las palmas (más difícil de lo que parece), dan forma a la masa del pan y aprenden qué especias dan al tajín su calidez. La abuela que dirige el taller lleva sesenta años cocinando así, y su paciencia con las manos pequeñas no tiene límite.
Lo que preparan es lo que cenan, y el orgullo en sus caras cuenta más que la técnica. En la montaña la noche cae pronto, y salen más estrellas de las que la ciudad deja ver nunca.
Alojamiento: Lodge familiar con vistas al valle y habitaciones en distintas configuraciones, montañas del Atlas
Día 5 Rumbo al desierto
La jornada de hoy es larga, pero está bien repartida en etapas, y el paisaje convierte la carretera en una aventura. Los valles verdes dan paso a la tierra roja, las montañas a los oasis de palmeras, los campos de cultivo a algo más antiguo y más salvaje.
Ait Benhaddou surge de la llanura como un decorado de cine, y de hecho lo ha sido. Los niños que han visto Gladiator o Juego de Tronos lo reconocen enseguida. Subir las escaleras gastadas de la antigua kasbah, asomarse a sus torres derruidas e imaginar las caravanas que paraban aquí es historia que se puede tocar. Almuerzo en Ouarzazate, la última ciudad antes del desierto.
A última hora de la tarde aparecen las dunas en el horizonte: el Sahara de verdad. Los camellos esperan, echados al borde de la arena. El recorrido hasta el campamento dura cuarenta minutos, lo justo para sentirse en plena aventura sin que las piernas jóvenes se resientan. Los niños a partir de 5 años lo hacen sin dificultad, los más pequeños montan con sus padres y los que aún son muy pequeños pueden hacer el trayecto en 4x4 si hace falta. Mientras el sol baja, la arena pasa del dorado al cobre, luego al rosa y al violeta, colores que no tienen nombre.
El campamento aparece detrás de una duna: camas de verdad, baños privados y una tienda comedor iluminada por faroles. Después de la cena empiezan los tambores bereberes y se cuentan historias alrededor del fuego, y tanto los niños como los adultos se quedan hipnotizados. Luego salen las estrellas, más de las que nadie imaginaba, tantas que se funden en ríos de luz. Para esto vinieron.
Alojamiento: Tienda de lujo para familias con dos habitaciones, desierto de Merzouga
Día 6 Amanecer en el desierto y viaje a Fez
Ver amanecer desde las dunas es opcional, y merece el madrugón por cómo la luz tiñe la arena, primero de gris, luego de rosa y al final de un dorado resplandeciente. La mayoría de las familias con niños pequeños se lo saltan, porque el sueño importa más que el espectáculo. En cualquier caso, el desayuno les espera cuando estén listos, y el desierto conserva su magia igualmente.
Se sale del campamento en camello o en 4x4, como prefieran. Despedirse del personal, que para entonces ya llama a sus hijos por su nombre, emociona más de lo que uno espera, porque los lugares que se vuelven casa, aunque sea por poco tiempo, dejan huella.
El viaje hacia el norte atraviesa el centro de Marruecos con paisajes que se suceden como los capítulos de un libro. El desierto da paso al valle del Ziz, bordeado de palmeras, y la carretera sube después entre los bosques de cedros del Atlas Medio. Hay una parada donde los macacos de Berbería viven en libertad entre los árboles. A los niños les encanta (siempre con vigilancia: son animales salvajes, fotogénicos pero imprevisibles). El contraste con el vacío del día anterior hace que ambos paisajes se recuerden con más viveza.
Llegada a Fez al caer la tarde. El riad es una casa restaurada dentro de la medina, una de las mayores zonas urbanas sin coches del mundo, con mil años de vida ininterrumpida. En el patio, el agua de las fuentes suena como ha sonado aquí durante generaciones. Mañana llegará el momento de adentrarse en el laberinto.
Alojamiento: Riad familiar con patio y habitaciones comunicadas, Fez
Día 7 Explorar Fez
Por la mañana, recorrido por la medina de Fez con un guía que sabe conectar con niños de todas las edades. Esta medina es más intensa que la de Marrakech: más caótica, con más capas de historia, más fiel a sí misma. A unos niños les fascina y a otros les abruma; ustedes saben mejor que nadie cómo son los suyos.
Primero, las curtidurías, donde el cuero se remoja en pilas que siguen en el mismo sitio desde la Edad Media. Desde una azotea se ven colores que parecen imposibles. Después, la antigua universidad. Y los mercados de alimentos, donde las especias se amontonan en pirámides de colores que los niños quieren tocar.
El guía está atento al ánimo de la familia. Si el interés decae, se desvía hacia un taller de cerámica donde las manos pequeñas pueden probar el torno. Si el entusiasmo aguanta, se adentra por callejones a los que rara vez llegan los turistas. Almuerzo en un sitio pequeño, de los que frecuenta la gente del barrio.
Tarde libre. Algunas familias van de compras (tejidos, cerámica, cuero), con precios que reflejan el valor real de las cosas, sin recargo para turistas. Otras vuelven al riad, a la calma del patio, a la piscina y al descanso. El guía sigue disponible por si les apetece seguir explorando.
Cena en un palacio convertido en restaurante, con cocina marroquí refinada en unas salas que llevan siglos recibiendo invitados. La pastilla llega envuelta en una nube de azúcar glas, y los niños descubren que lo dulce y lo salado combinan de maravilla. La cena acaba siendo una celebración de todo lo que han vivido juntos.
Alojamiento: Riad familiar, Fez
Día 8 Partida
Esta mañana no hay prisa. Desayuno en el patio mientras la medina se despierta: comerciantes que preparan sus puestos, voces que resuenan por los callejones y un ritmo que lleva mil años repitiéndose.
Todavía queda tiempo. Quizá para un último paseo por unos callejones que ya no parecen un laberinto, para una última compra al artesano que les reconoce del día anterior o, simplemente, para un té de menta en el patio mientras asimilan lo que han sido estos ocho días.
El traslado privado al aeropuerto de Fez les saca por las antiguas puertas de la medina y, entre olivares, de vuelta a casa. Los ocho días se acaban, pero las historias no han hecho más que empezar. Los niños se quedan con Marruecos a su manera: el nombre del camello, la risa de la abuela, la arena entre los dedos de los pies, estrellas imposibles de contar. Lo vivido irá saliendo durante años y cambiará su forma de ver el mundo.
Llegaron como turistas y se marchan como viajeros, convertidos en una familia que ha compartido una aventura, se ha enfrentado unida a lo desconocido y ha descubierto que el mundo es más grande y más hermoso de lo que nunca habría imaginado sin salir de casa.
Esto Incluye:
7 noches de alojamiento (habitaciones familiares o comunicadas)
Todos los desayunos, 5 cenas
Conductor privado durante todo el viaje
Guías privados especializados en familias
Todas las entradas
Paseo en camello (o 4x4 para los niños muy pequeños)
Traslados al aeropuerto
Taller de cocina en el Atlas
Asistencia 24/7
No Incluye:
Vuelos internacionales
Almuerzos (para poder adaptarse a los gustos de los niños)
2 cenas (en restaurantes de su elección)
Tentempiés, bebidas y compras personales
Seguro de viaje
Tema: Una aventura más larga, con días de playa en la costa y más tiempo en el desierto
Ideal para: Familias que quieren ir más a fondo, niños a partir de 6 años, abuelos con buena movilidad
Su conductor les recibe en el aeropuerto con toallas frías y botellas de agua, un anticipo del cuidado de los próximos días. De camino a la medina llegan las primeras imágenes: los palmerales dan paso a las murallas rosadas y las motos se cuelan entre los carros de burros.
El riad se esconde tras una puerta discreta y, al cruzarla, aparece un patio con una fuente bajo los naranjos. Los niños descubren enseguida que la piscina es toda suya. Con las habitaciones comunicadas, cada uno tiene su espacio sin que nadie quede apartado.
La primera cena se sirve en la terraza mientras la llamada a la oración de la tarde resuena sobre las azoteas. Hay pollo a la parrilla, cuscús de verduras y pan recién hecho, comida fácil para la noche de llegada y marroquí sin lugar a dudas. Esta noche, dejen ganar al jet lag.
Alojamiento: Riad familiar con piscina y habitaciones comunicadas, Marrakech
Día 2 Descubrir Marrakech
Después del desayuno llega el guía, que sabe que a un niño de siete años y a un adolescente no se les conquista igual. Los pequeños recorren los zocos como en una búsqueda del tesoro, a la caza de colores y contando gatos. Los mayores, en cambio, conocen las historias de los talleres donde se martillea el latón y se tiñe el cuero.
Almuerzo en una azotea con vistas sobre la medina: minaretes, antenas parabólicas, tendederos y nidos de cigüeña, todo mezclado. Después, vuelta al riad, donde la piscina se convierte en el plan de la tarde y los padres, por fin, pueden sentarse a respirar.
Por la noche, a elegir entre el bullicio de la plaza Jemaa el-Fna, con encantadores de serpientes y acróbatas, y una cena tranquila en el riad.
Alojamiento: Riad familiar, Marrakech
Día 3 Jardines y cerámica
Por la mañana, el Jardín Majorelle, cuyos muros azules encantan a todas las edades. Los niños fotografían cactus más altos que ellos mientras los padres se fijan en el diseño.
Las familias con ganas de aventura pueden subir en globo al amanecer sobre los palmerales y aterrizar con zumo de naranja recién exprimido y un desayuno bereber servido sobre alfombras. Es la historia que acaban contando durante años.
El taller de cerámica ocupa la tarde, en un obrador tradicional. Cada niño se sienta ante un torno, con el barro entre los dedos y un artesano paciente a su lado. Lo que sale de sus manos —torcido, imperfecto, completamente suyo— se cuece y se lo entregan en el riad.
Alojamiento: Riad familiar, Marrakech
Día 4 Hacia el Atlas
Marrakech queda atrás enseguida. Al cabo de una hora la carretera sube en curvas cerradas entre bancales y aldeas que parecen nacer de la roca. Los niños no se despegan de la ventanilla, porque el paisaje cambia a cada vuelta.
Parada en una cooperativa de mujeres donde el aceite de argán se sigue haciendo a la antigua. El crujido de las nueces al partirse, el olor del tostado y un turno en la piedra de moler para los niños: son encuentros pequeños, pero de ellos se aprende mucho.
Té con una familia bereber en su propia casa, como invitados de verdad. Los niños de las dos familias se conocen y, entre carreras y risas, la barrera del idioma desaparece.
El lodge aparece cuando la luz de la tarde tiñe de oro los valles. En la piscina se reflejan las cumbres nevadas y las terrazas bajan entre jardines. Hasta la cena no hay nada más que hacer.
Alojamiento: Lodge familiar con vistas al valle, montañas del Atlas
Día 5 Ritmos de montaña
Nada de despertador. El desayuno llega cuando estén listos: miel de colmenas de la zona, huevos de las gallinas que se oyen cerca y pan todavía tibio del horno de barro. La mañana es suya.
Las familias con energía se apuntan a la excursión a la cascada, dos horas de paseo entre nogales y a lo largo de las acequias hasta unas pozas tan claras que apetece bañarse. Los más pequeños hacen recorridos más cortos, recogiendo flores silvestres y mirando mariposas. Hay quien prefiere quedarse, y también es una buena manera de pasar el día.
Luego toca la cocina del lodge, donde los niños hacen rodar el cuscús entre las palmas, dan forma al pan y aprenden qué especias hacen que el tajín sepa a tajín. La abuela que les guía lleva sesenta años cocinando, y lo que preparan es lo que luego cenan.
Alojamiento: Lodge familiar, montañas del Atlas
Día 6 Rumbo al Sahara
El trayecto de hoy es largo, pero espectacular. Los valles verdes dejan paso a la tierra roja, los bancales a los oasis de palmeras y las montañas a los primeros indicios del desierto.
Ait Benhaddou se alza sobre la llanura como un escenario de cuento, y no en vano ha servido de plató de cine. Los niños que han visto Gladiator o Juego de Tronos lo reconocen al instante. Hay escaleras gastadas que subir, torres derruidas que explorar y caravanas que imaginar, las que antes hacían parada aquí.
A última hora de la tarde aparecen las dunas, y con ellas los camellos. Hasta el campamento hay cuarenta minutos a lomos de camello, justo lo que hace falta para que parezca una expedición sin que los pequeños se cansen. Con el sol bajando, la arena pasa del dorado al cobre y después al rosa.
Detrás de una duna espera el campamento: camas de verdad, baños privados y una tienda comedor con faroles. La cena llega mientras salen las estrellas, muchas más de las que nadie imaginaba. Después, los tambores bereberes y el crepitar del fuego. Es lo que habían venido a buscar.
Alojamiento: Tienda de lujo para familias, desierto de Merzouga
Día 7 Inmersión en el desierto
La segunda noche lo cambia todo. El desierto, que ayer era un espectáculo, hoy ya resulta familiar. Los niños se despiertan con arena entre los dedos de los pies y ni se inmutan.
La mañana es para el sandboard: subir dunas que ayer parecían imposibles, bajar a una velocidad inverosímil y volver a subir. Al final llega el cansancio, del bueno, del que asegura un sueño profundo.
También hay otras aventuras opcionales, como visitar a una familia nómada y tomar té de menta con ellos, recorrer las dunas en 4x4 o simplemente sentarse a escuchar un silencio que no es del todo silencio, porque sopla el viento, la arena se mueve y, desde algún sitio, llama algún pájaro inesperado.
Segundo atardecer y segunda cena bajo las estrellas, con más historias bereberes. A estas alturas, sus hijos ya conocen a los músicos por su nombre. El desierto ha dejado de ser un lugar ajeno y empieza a ser un poco suyo.
Alojamiento: Tienda de lujo para familias, desierto de Merzouga
Día 8 Del desierto a la costa
El amanecer es opcional, pero merece el madrugón para ver las dunas pasar del gris al rosa y luego a un dorado intenso. Después, desayuno y despedida del campamento que ha sido su casa durante dos noches.
El viaje hacia el oeste atraviesa Marruecos de lado a lado, y el paisaje lo va contando: el desierto deja paso a los oasis, las montañas suben y bajan, vuelve el verde y, por fin, aparece el Atlántico.
Essaouira se anuncia con el salitre en el aire y los chillidos de las aves marinas. Esta ciudad blanca y azul no se parece a nada de lo visto hasta ahora. Es más lenta y más fresca, y está impregnada de historia bereber y gnawa.
Llegada al hotel mientras el sol se pone sobre las murallas. El aire del mar trae algo parecido a un permiso para respirar hondo.
Alojamiento: Hotel familiar cerca de la playa, Essaouira
Día 9 Calma atlántica
Hoy no hay más plan que el mar. La playa, amplia, se extiende en ambas direcciones, con sitio de sobra para levantar imperios de castillos de arena, para correr hasta quedarse sin aliento y para ese primer chapuzón valiente en las olas del Atlántico.
Por la mañana, si les apetece, paseo a caballo por la orilla, con los cascos chapoteando en el agua y la ciudad vieja alejándose a sus espaldas. Es la imagen que los niños acaban dibujando cuando vuelven a casa.
Almuerzo de pescado y marisco en las parrillas del puerto, donde uno señala lo que acaba de llegar en las barcas y se lo cocinan al momento. Calamares, gambas, lubina todavía brillante. En Essaouira las tardes se van paseando: las murallas, las galerías, una medina tranquila donde los niños pueden explorar sin que los padres se preocupen.
Un último paseo al atardecer, cuando la luz se vuelve dorada sobre los muros blancos. Por la mañana toca hacer las maletas.
Alojamiento: Hotel familiar, Essaouira
Día 10 Partida
Último desayuno frente al puerto, con las gaviotas revoloteando sobre sus cabezas. Nadie tiene prisa esta mañana: da tiempo a unas últimas fotos en las murallas, a unas compras en los talleres de artesanos y a mirar el mar una vez más.
El traslado privado al aeropuerto de Marrakech les devuelve por un paisaje que ya reconocen. Los niños duermen o miran por la ventanilla, asimilando diez días que han cambiado su manera de ver el mundo.
O quédense. Essaouira suele convencer a las familias de alargar la estancia, y podemos añadir noches para quienes aún no estén listos para despedirse.
Esto Incluye:
9 noches de alojamiento (habitaciones familiares o comunicadas)
Todos los desayunos, 7 cenas
Conductor privado durante todo el viaje
Guías privados especializados en familias
Todas las entradas
Dos noches en un campamento del desierto
Paseo en camello
Sandboard para los niños
Taller de cocina en el Atlas
Traslados al aeropuerto
Asistencia 24/7
No Incluye:
Vuelos internacionales
Almuerzos
2 cenas (a su elección)
Actividades opcionales (globo aerostático, paseo a caballo)
Tentempiés, bebidas y compras personales
Seguro de viaje
Tema: Marruecos al completo, con la Perla Azul y más margen de flexibilidad
Ideal para: Familias con tiempo y edades variadas (desde los más pequeños hasta adolescentes) que buscan un viaje completo
Ritmo: Sin prisas, con flexibilidad para distintas edades e intereses
Toallas frías, agua embotellada y un conductor que ya conoce los nombres de sus hijos: la bienvenida empieza en el aeropuerto. El trayecto hasta la medina es el primer capítulo, con palmerales, murallas rosadas y el caos bien coreografiado de una ciudad que lleva mil años recibiendo viajeros.
El riad se esconde tras una puerta sin ningún rótulo. Dentro, un patio donde el rumor de la fuente se mezcla con el canto de los pájaros, una piscina que recoge la luz de la tarde y habitaciones distribuidas para que cada uno tenga intimidad sin quedar aislado. Los niños encuentran rincones que explorar, y los abuelos, terrazas a la sombra con cojines.
Primera cena en la azotea, mientras salen las estrellas y la llamada a la oración sube desde una docena de minaretes. La cocina de esta noche es ligera (carnes a la parrilla, verduras, pan recién hecho), una forma tranquila de empezar los doce días que tienen por delante. Que todos descansen.
Alojamiento: Riad familiar con piscina y habitaciones comunicadas, Marrakech
Día 2 Descubrir Marrakech
Su guía ha criado a tres hijos y se gana la vida enseñando la ciudad, una combinación que se nota. La mañana se adapta a cada uno: búsquedas del tesoro para los pequeños, contexto histórico para los adolescentes, buenas fotos para los abuelos y paciencia para quien la necesite.
La medina se descubre por capas, entre un taller de cuero con las tinas de tinte humeando, un taller de tallistas que huele a cedro y el zoco de los caldereros, donde el martilleo marca el compás. Cada uno encuentra algo que le atrapa.
Almuerzo en una azotea frente a una ciudad que parece no tener fin. La tarde transcurre en el riad, entre chapuzones en la piscina, lectura en la terraza y ese rato de calma que permite afrontar el día siguiente.
Al caer la noche, dos opciones: el espectáculo de Jemaa el-Fna, con sus artistas callejeros y sus puestos de comida, o la cena en el riad, donde el cocinero ya sabe qué le gusta al más quisquilloso de sus hijos. Las dos merecen la pena.
Alojamiento: Riad familiar, Marrakech
Día 3 Jardines y cerámica
El Jardín Majorelle cautiva a cada generación por motivos distintos: el azul tan particular de sus muros, los cactus más altos que los adultos, los estanques de carpas koi que encandilan a los más pequeños.
Las familias que quieran una mañana mágica pueden subir en globo sobre los palmerales mientras el amanecer pinta de dorado las montañas del Atlas. Se aterriza con zumo de naranja recién exprimido y un desayuno servido sobre alfombras en pleno campo. Las fotos de esta mañana son las que luego acaban enmarcadas.
Por la tarde, taller de cerámica: cada niño modela el barro en un torno de pie, guiado por un artesano cuya familia lleva cinco generaciones dedicada al oficio. Lo que sale de ahí, imperfecto y auténtico, se cuece durante la noche y se lo hacen llegar al riad, y será lo primero que sus hijos enseñen a todo el mundo.
Alojamiento: Riad familiar, Marrakech
Día 4 Hacia el Atlas
La carretera sube entre gargantas y curvas cerradas, y cada vuelta descubre una vista nueva. Los niños señalan aldeas encaramadas en las laderas mientras los abuelos recuerdan los tiempos en que viajar era algo así.
En una cooperativa de mujeres, las nueces de argán se parten entre dos piedras, como se ha hecho durante siglos. Los niños prueban a moler mientras el olor a tostado llena la sala. Cualquier pequeña compra ayuda a familias cuyas hijas ahora van a la escuela.
El té con una familia bereber no es un espectáculo, es hospitalidad. Los niños de las dos casas se ponen a jugar sin necesidad de un idioma común, y a los abuelos se les reservan los mejores asientos y los dátiles más dulces.
El lodge aparece cuando la luz de la tarde empieza a suavizarse. En la piscina se reflejan cumbres que todavía conservan nieve, y las terrazas bajan escalonadas entre jardines hacia el valle. Aquí el aire huele distinto: más limpio, a montaña y a hierbas silvestres.
Alojamiento: Lodge familiar con vistas al valle, montañas del Atlas
Día 5 Ritmos de montaña
La mañana no exige nada. El desayuno llega cuando lo pidan: huevos del gallinero, miel del colmenar, pan del horno de barro. Hay familias que a las 8 de la mañana ya están caminando y otras que a mediodía siguen en la terraza, y las dos cosas están bien.
El sendero de la cascada serpentea entre nogales, junto a antiguas acequias. En dos horas de caminata se ve un Marruecos que los turistas no suelen ver: mujeres lavando la ropa en el arroyo, campesinos trabajando los bancales, niños que saludan desde las azoteas. Al final, la cascada recompensa el esfuerzo con su rocío fresco y sus pozas para bañarse.
El taller de cocina de la tarde lo dirige la abuela que lleva sesenta años preparando estos platos. Los niños trabajan el cuscús entre las palmas, dan forma al pan y aprenden a distinguir el comino del cilantro. Lo que cocinen será la cena.
Alojamiento: Lodge familiar, montañas del Atlas
Día 6 Un día tranquilo en la montaña
Tres noches dan lo que no dan dos: un día sin carretera, sin itinerario y sin más obligación que hacer lo que a cada uno le apetezca.
Para quien quiera hay tirolina sobre una garganta para los adolescentes más atrevidos, bicicleta de montaña por pistas de tierra o excursiones en mula a aldeas remotas donde la vida sigue ritmos que no han cambiado en siglos. Picnic junto a un arroyo en el que solo se oye el agua corriendo entre las piedras.
O no hacer nada en absoluto: dormir hasta tarde, leer junto a la piscina mientras los niños se inventan juegos, dejar que los abuelos echen la siesta en una terraza al sol. A veces lo más valioso de un viaje es poder estar, sin más, en un lugar precioso y sin horarios.
El personal del lodge lo entiende. Aparece con té de menta en cuanto intuye que alguien tiene sed y les propone un rincón más tranquilo cuando nota que necesitan estar a solas. El servicio no se ve, hasta que se dan cuenta de lo bien atendidos que están.
Alojamiento: Lodge familiar, montañas del Atlas
Día 7 Rumbo al Sahara
El trayecto de hoy cambia el paisaje y el propio viaje. Los valles verdes dan paso a la tierra roja, los puertos de montaña a los oasis de palmeras y los campos de cultivo a algo más salvaje.
Ait Benhaddou se alza sobre el suelo del desierto como un castillo de arena levantado por gigantes. Los niños que lo reconocen del cine pisan los mismos caminos que los soldados de Gladiator y los ejércitos de Juego de Tronos. Suben sus escaleras gastadas, exploran las torres derruidas e imaginan las caravanas que hacían aquí su última parada antes del Sahara.
A última hora de la tarde, las dunas ya se ven en el horizonte: ahora sí, el Sahara. Los camellos esperan con la paciencia de unos animales que llevan milenios haciendo esto. El recorrido hasta el campamento dura cuarenta minutos, que dan tiempo a que crezca la expectación sin llegar a cansar a los pequeños.
El campamento asoma detrás de una duna: camas de verdad, duchas calientes, una tienda comedor iluminada con faroles. Mientras se pone el sol, las dunas cambian de color una y otra vez, en tonos que no tienen nombre. Llega la cena, después los tambores bereberes y, por último, las estrellas, muchas más de las que se pueden imaginar desde una ciudad.
Alojamiento: Tienda de lujo para familias, desierto de Merzouga
Día 8 Inmersión en el desierto
La segunda mañana en el desierto algo ha cambiado. Ayer todo era descubrimiento, y hoy empiezan a sentirse parte del lugar. Los niños salen de las tiendas con arena en el pelo y ya no entienden por qué les pareció tan extraño.
La mañana es del sandboard: se sube por dunas que ayer parecían imposibles, se baja a toda velocidad y se vuelve a subir hasta que las piernas dicen basta. Es un cansancio del bueno, de los que garantizan un sueño profundo.
Por la tarde se puede visitar a una familia nómada que vive a un ritmo que el mundo moderno ha olvidado, recorrer dunas más apartadas en 4x4 o, sencillamente, sentarse en silencio. El desierto enseña a estar quieto a quien quiere aprender.
Llega el segundo atardecer, y con él la segunda cena bajo las estrellas. Los músicos bereberes ya son caras conocidas y sus hijos los llaman por su nombre. Las historias siguen alrededor del fuego hasta que vence el sueño. Mañana la ruta sigue hacia el norte.
Alojamiento: Tienda de lujo para familias, desierto de Merzouga
Día 9 Del desierto a Fez
Quien madrugue para el amanecer, que es opcional, verá las dunas pasar del gris al rosa y luego al dorado a medida que el sol se despega del horizonte. Luego llegan el desayuno y la despedida de un campamento que ha sido mucho más que un alojamiento.
El viaje hacia el norte cruza un terreno que no deja de cambiar: el desierto da paso a los oasis, la carretera gana altura en el Atlas Medio y aparecen bosques donde antes había arena. Los macacos de Berbería que viven en libertad en los cedrales son la parada de la que los niños hablarán durante semanas.
Fez no se presenta como Marrakech. Es más antigua, tiene más capas y ha sido el corazón espiritual de Marruecos durante doce siglos. El riad ocupa una casa restaurada dentro de la medina, con fuentes en el patio que llevan generaciones sonando.
La noche es para descansar. Mañana les espera la ciudad antigua.
Alojamiento: Riad familiar con patio, Fez
Día 10 Explorar Fez
Fez es la esencia de Marruecos: más antigua, más compleja y menos adulterada que cualquier otro lugar en el que hayan estado. Su medina es una de las mayores zonas urbanas sin coches del mundo, un laberinto de miles de callejones que desorienta a los visitantes desde el siglo IX.
Su guía sabe qué recorridos funcionan con niños: las famosas curtidurías, vistas desde las tiendas de cuero con una ramita de menta para el olor; la antigua universidad; los mercados de alimentos, repletos de dátiles, aceitunas y dulces que gotean miel.
Por la tarde se puede elegir entre un taller de cerámica para quien quiera mancharse las manos, una sesión de henna para quien le apetezca (a las adolescentes suele encantarles) o, simplemente, explorar los rincones del riad mientras los adultos descansan y los abuelos leen.
La cena es en un palacio que lleva siglos recibiendo invitados. Una cocina marroquí refinada va llegando por tandas —ensaladas, pastilla, cordero que se deshace, dulces de azahar— y de algún lugar que no se ve sale música.
Alojamiento: Riad familiar, Fez
Día 11 La Perla Azul
Llegar a Chefchaouen exige carretera: tres horas y media de ida y otras tantas de vuelta a través de las montañas del Rif. La recompensa justifica cada kilómetro.
El pueblo aparece de golpe, como una cascada de casas azules que se derrama por la ladera, con cada muro, escalera y puerta en algún tono entre el azul pálido y el cobalto. Los fotógrafos pierden la cabeza, e incluso los niños que dicen odiar las fotos posan encantados contra estas paredes.
La medina invita a pasear sin mapa y sin horario. Gatos dormidos en los portales, hombres mayores jugando a las cartas, olor a pan recién hecho que sale de hornos escondidos. El almuerzo, en una azotea, tiene vistas a las montañas y la calma propia de un lugar que lleva siglos sin prisa.
El camino de vuelta a Fez invita a la reflexión. Es su última noche en Marruecos.
Alojamiento: Riad familiar, Fez
Día 12 Partida
Hoy nadie pone el despertador. El desayuno llega cuando estén listos, en la azotea con la medina extendida a sus pies o en el patio, junto al murmullo de la fuente.
Queda tiempo para un último paseo: volver a los callejones que les desorientaron y les encantaron, hacer una última compra al artesano que les recuerda de hace dos días, sacar una foto más de alguna de esas puertas que acumulan siglos de historias.
El traslado privado al aeropuerto de Fez les saca de la medina, cruza la ciudad nueva y deja atrás los olivares hasta llegar a los aviones. Se acaban los doce días, pero no las conversaciones. Las fotos se imprimen, y la manera en que los niños entienden el mundo ha cambiado de formas que tardarán años en verse del todo.
Esto Incluye:
11 noches de alojamiento (habitaciones familiares durante todo el viaje)
Todos los desayunos, 9 cenas
Conductor privado durante todo el viaje
Guías privados especializados en familias en cada etapa
Todas las entradas
Dos noches en un campamento del desierto
Paseo en camello y sandboard
Taller de cerámica o henna
Taller de cocina
Excursión de un día a Chefchaouen
Traslados al aeropuerto
Asistencia 24/7
No Incluye:
Vuelos internacionales
Almuerzos
2 cenas (a su elección)
Actividades opcionales (globo aerostático, tirolina, bicicleta de montaña)
Tentempiés, bebidas y compras personales
Seguro de viaje
Lo que hacen aquí las familias
Estas experiencias funcionan porque cada edad se implica a su manera. Al niño de siete años le encanta una cosa, al adolescente otra y los abuelos disfrutan con algo completamente distinto. Todos participan y nadie se queda mirando.
Manos en la harinaPasos compartidosColores que tocar
Para niños pequeños (2-7 años)
Paseos en camello
Más cortos que las rutas de los adultos, y los padres pueden montar con los más pequeños. Los guías tienen paciencia y a los niños les parece mágico. No hemos tenido ni un solo niño que no siguiera hablando de «su camello» meses después.
Incluido en los itinerarios
Piscinas en el patio de los riads
Pequeñas, pero perfectas para los niños: privadas, seguras y con una zona donde hacen pie. Los padres pueden vigilar desde la terraza y los niños, bañarse varias veces al día.
Disponible en algunos alojamientos
Búsquedas del tesoro en el mercado
Los guías organizan búsquedas del tesoro por los zocos, en las que hay que encontrar colores, formas u objetos concretos. De pronto el mercado deja de abrumar y se convierte en una aventura, y los niños van concentrados y metidos de lleno en el juego.
Se organiza sin coste adicional
Encuentros con animales
Burros en las montañas, camellos en el desierto, macacos de Berbería (siempre con vigilancia) y tortugas en algunos riads. A los niños se les ilumina la cara.
Incluido cuando corresponde
Para niños mayores y adolescentes (8-17 años)
Sandboard en las dunas
Es justo lo que parece: subir una duna y bajarla deslizándose sobre una tabla. Agota y engancha a partes iguales. A los adolescentes y a los preadolescentes les encanta, mientras que los adultos lo prueban una vez y después prefieren hacer de público.
Desde $40 por persona
Talleres prácticos
Hacer cerámica, aprender caligrafía, probar el telar, trabajar el cuero. Adolescentes que contaban con aburrirse descubren de pronto que algo se les da bien, y lo que hacen, un objeto real, se lo llevan a casa.
Desde $60 por persona
Salidas fotográficas
Para los adolescentes con buena cámara o buen móvil. Un fotógrafo local les lleva a los mejores rincones, les enseña composición y les ayuda a mirar de otra manera. Vuelven con imágenes de las que se sienten orgullosos.
Desde $120 por sesión de 2 horas
Clases de cocina
Los adolescentes suelen implicarse más que sus padres. Les gusta ponerse manos a la obra, el reto de aprender técnicas nuevas y la satisfacción de preparar algo delicioso.
Desde $75 por persona, a menudo incluido
Para toda la familia
Noche en un campamento privado en el desierto
Es lo que todas las edades recuerdan con más viveza: un paisaje imponente, un campamento cómodo, un cielo con más estrellas de las que hayan visto nunca y música bereber alrededor del fuego. Une a todo el mundo.
Incluida en los itinerarios de varios días
Aldeas de las montañas del Atlas
Conocer a familias bereberes, ver cómo se vive en los valles de montaña y entender otro ritmo de vida. Los niños aprenden, a los adultos les deja huella y a todos les fascina.
Incluido, o desde $95 para una visita más larga a una aldea
El hammam
El baño tradicional marroquí, que se puede disfrutar en familia (hay zonas separadas para hombres y mujeres, y también hammams privados para familias). A los niños les resulta toda una novedad, y a los adultos, reparador.
Desde $45 por persona
Lugares históricos bien contados
Kasbahs, palacios, medinas. Pueden resultar aburridos si solo se recorren, y fascinantes si el guía sabe contar historias. Los nuestros son ante todo narradores, y después historiadores.
Incluido en las visitas guiadas
Hoteles y riads que reciben bien a las familias
Solo trabajamos con alojamientos donde a las familias se las recibe con gusto, y no solo se las tolera: personal que saca dulces de más para los niños, piscinas seguras y vigiladas, habitaciones lo bastante amplias para no vivir unos encima de otros y un entorno en el que los niños pueden moverse sin peligro.
Piscina en familiaEl ksar de Ait BenhaddouEstrellas para todos
Marrakech: riads para familias
Con familias, un riad puede salir muy bien o muy mal. Los pequeños riads boutique de cinco habitaciones no funcionan: demasiado silenciosos, demasiado delicados, y los niños se sienten cohibidos. El riad adecuado, en cambio, es perfecto.
Lo que buscamos:
Piscinas (mejor dos: una poco profunda y otra más honda)
Habitaciones comunicadas o suites familiares
Patios donde los niños puedan moverse
Personal que disfruta con los niños
Cerca de una salida (las medinas son laberintos y conviene tener una puerta a mano)
Lo que encontrarán:
Patios con fuentes y naranjos
Azoteas donde los niños pueden correr antes de irse a dormir
Desayuno a cualquier hora (fundamental con niños que arrastran el jet lag)
Personal que se acuerda del nombre de sus hijos y les trae algún dulce
Los mejores riads para familias tienen 12-15 habitaciones: tamaño suficiente para contar con buenas instalaciones sin perder el ambiente acogedor
Los alojamientos concretos se comparten durante la planificación
Montañas del Atlas: lodges para familias
Los alojamientos de montaña son ideales para familias: espacio para moverse a sus anchas, terrazas con vistas, piscina, jardines y senderos que salen desde la misma puerta.
Lo que más gusta a las familias:
Los niños pueden ser niños: correr, explorar, hacer ruido. Los abuelos se relajan en la terraza con un libro, los adolescentes salen a caminar o en bicicleta y todos se reúnen a comer con vistas al valle.
Algunos lodges tienen animales (burros, gallinas, conejos), y los niños van directos a ellos.
Sahara: campamentos para familias
Los campamentos de lujo funcionan con familias mejor de lo que cabría esperar. Las tiendas son amplias y muchas tienen dos habitaciones, perfectas para padres e hijos. Y con baño privado, nadie tiene que cruzar el campamento de noche.
Para familias con niños pequeños:
Podemos reservarles tiendas cerca de la zona común. El personal está pendiente y, si un niño necesita algo por la noche, hay ayuda a pocos pasos.
Para familias con adolescentes:
A menudo los adolescentes tienen su propia tienda (si a ustedes les parece bien). Ellos se sienten independientes y ustedes ganan espacio.
Los campamentos son sorprendentemente cómodos: camas de verdad, duchas calientes, electricidad. Los niños duermen mejor de lo que sus padres esperan.
Costa: hoteles para familias en Essaouira
En Essaouira los alojamientos son más hotel que riad: habitaciones más grandes, a veces apartamentos, cerca de la playa, con piscina y restaurante propio (muy práctico con niños cansados).
El ambiente costero es más informal, y los niños encajan con toda naturalidad.
Qué incluye
Todo, detallado con claridad. Sin costes ocultos, sin extras por sorpresa y sin letra pequeña que cambie las cuentas.
Alojamientos
Hoteles y riads donde a los niños se les recibe con los brazos abiertos. Alojamientos con piscina para las tardes de descanso y habitaciones preparadas para familias (comunicadas o suites). Lugares donde, al segundo día, el personal ya recuerda cómo se llaman sus hijos y les pregunta qué tal fue el paseo en camello. Los hemos probado con familias, también con niños pequeños que lo tocan todo.
Transporte
Vehículo privado con sitio para toda la familia y el equipaje. Un conductor que sabe que «necesitamos parar para ir al baño» significa ahora, no dentro de veinte kilómetros. Alguien que ya ha llevado a familias y distingue el «me aburro» del «me estoy mareando».
Comidas
Todos los desayunos, normalmente en bufé, para que el más quisquilloso encuentre siempre algo que le guste. La mayoría de los almuerzos y cenas, con margen para cambiar de plan cuando alguien solo quiere pollo con arroz. Restaurantes que hemos comprobado yendo con familias, donde hay pasta sencilla, a nadie le extraña que un niño coma con las manos y nadie pone mala cara si se pide un plato «sin especias, por favor».
Guías
Especialistas acostumbrados a trabajar con familias. Saben explicar una mezquita de 900 años a un niño de nueve y no les importa contestar diecisiete veces a «¿por qué?». Siempre tienen un plan B para cuando la atención flaquee. Hablan inglés con fluidez y su paciencia está más que demostrada.
Actividades
Todas las entradas, clases de cocina, paseos en camello y talleres de artesanía. Nada se presenta como «opcional» para que luego sus hijos se pasen el viaje suplicándolo. Todo está adaptado a cada edad y revisado en materia de seguridad. Si algo parece demasiado avanzado o demasiado infantil para su familia, lo ajustamos antes de que lleguen.
Asistencia
Teléfono 24/7 con su coordinador en Marruecos, que ha visto de todo: peluches perdidos, rodillas peladas, adolescentes que se niegan a bajar de la furgoneta, abuelos que necesitan una farmacia. No hay nada que le altere. Línea directa de WhatsApp, con respuesta rápida, porque las urgencias familiares van al ritmo de los niños y no entienden de horarios de oficina.
Por qué funciona con familias
Marruecos nos sorprendió. Cuando empezamos a organizar viajes en familia aquí, esperábamos problemas de logística, padres inquietos y niños que habrían preferido la piscina de un resort. Nos encontramos con algo mejor: familias que volvieron más unidas, niños que no paraban de hablar del viaje y abuelos que aseguraban que habían sido las mejores vacaciones de su vida.
Lo que marca la diferencia es cómo se vive el destino. Marruecos no es fácil si se recorre por cuenta propia con tres niños a cuestas. Con el guía adecuado, un ritmo bien medido y alojamientos donde los niños son bienvenidos de verdad, se convierte en uno de esos raros viajes en los que todas las generaciones se implican a la vez.
Su hijo de doce años no se aburre, su madre de setenta no termina agotada y el pequeño de cinco no tiene rabietas. Cada uno vive momentos que le encantan, y eso, en los viajes en familia, es cada vez más raro.
¿Es Marruecos un buen destino para su familia? Viajar a Marruecos con niños, o con varias generaciones a la vez, exige planificación, pero compensa con creces. Nuestra guía para viajar en familia responde a las dudas más habituales de los padres, reúne consejos prácticos sacados de viajes reales y explica cómo organizamos los itinerarios para familias. Si es la primera vez que piensan en Marruecos, empiecen por nuestra guía para un primer viaje para saber qué esperar.
Sus hijos aprenden historia medieval paseando por una medina que apenas ha cambiado en 800 años. Entienden las rutas comerciales al ver a los caldereros trabajar con las mismas técnicas de estampado que ya usaban sus antecesores en el 1100. La geografía la captan viendo cómo el paisaje pasa de la montaña al desierto. Y las costumbres, viendo regatear al guía en un puesto de especias, donde lo que parece una discusión es, en realidad, la forma en que aquí se construye una relación. Aprenden todo el rato, aunque ellos creen que solo están explorando.
Un niño de diez años que visitó un horno de pan comunitario volvió a casa y escribió un trabajo para el colegio sobre cómo funcionaban antes los barrios. Su profesora preguntó si habíamos contratado algún programa educativo especial. No era así. Sencillamente había prestado atención, porque el guía convirtió el urbanismo del siglo XIV en una historia de detectives.
Aquí la cultura se vive a diario y nadie la escenifica. Sus hijos ven cómo vive la gente en su día a día, y eso resulta mucho más interesante que cualquier vitrina de museo.
A los abuelos les encantan la historia, la artesanía y el ritmo pausado de la medina. Los padres agradecen tener la logística resuelta, transporte privado y restaurantes de confianza. Los adolescentes ganan algo de independencia en los mercados, con una vigilancia discreta. Y a los pequeños les fascinan los camellos, los colores y las fuentes de los patios.
Todos se llevan algo, y eso es difícil de conseguir en un resort de playa o en un parque temático, donde las actividades se separan por edades.
Es un viaje cómodo, lejos de cualquier plan de mochileros. Los hoteles tienen piscina, aire acondicionado y habitaciones amplias para familias, y los baños son de estilo occidental. La comida es suave (evitamos los platos picantes para los niños) y las distancias entre paradas, razonables.
Cuidamos mucho el ritmo: una mañana de exploración, vuelta al hotel para piscina y descanso, una actividad por la tarde y cena temprano. Los ratos de descanso están previstos, porque los adultos los agradecen y a los niños les hacen falta.
Tienen un conductor privado que conoce las carreteras, los riads tienen puertas con cerradura y su guía cuida de los niños en las medinas, donde la policía turística está por todas partes. La tasa de delincuencia en Marruecos es baja y el país protege el turismo con mucho celo.
Los padres se preocupan aquí menos de lo que esperaban. Es una cultura que gira en torno a la familia (a los marroquíes les encantan los niños), y ustedes quedan al margen de las pocas molestias que pueda haber.
Una semana en un resort decente para una familia de cuatro, en el Caribe o en México, con club infantil y almuerzo junto a la piscina, cuesta de $8,000 a $12,000 si se suman los vuelos, las comidas no incluidas, las excursiones, las propinas y los cargos del resort. Marruecos cuesta más o menos lo mismo por diez días, y esto es lo que incluye: conductor privado durante todo el viaje, riads y kasbahs escogidos uno a uno, la mayoría de las comidas (con cenas de varios platos), clases de cocina en casas de familia, todas las entradas y los guías, rutas en camello, campamento en el desierto y hammam. Todo, salvo los vuelos y algunas comidas por su cuenta.
Algunas familias han alargado el viaje tres días al darse cuenta de que podían permitírselo. Un padre nos contó que tenía el presupuesto pensado para Disney World y acabó gastando menos en Marruecos, en un viaje del que sus hijos adolescentes siguen hablando dos años después. Su hija, sobre todo, recuerda la noche en que ayudó a preparar la cena en una casa bereber.
Aquí los recuerdos no se confunden unos con otros: sus hijos se acordarán de Marruecos.
Y no en el sentido publicitario de «los niños comen gratis». El personal del riad saca dulces de más para ellos, los guías adaptan las explicaciones para que el niño de siete años también las siga y en los restaurantes se les hace hueco sin poner los ojos en blanco. Marruecos es una cultura volcada en la familia, y viajar con niños a menudo abre puertas.
No tienen por qué limitarse a las vacaciones de verano, cuando suben los precios y crecen las multitudes. Marruecos funciona bien en cualquier estación, así que pueden viajar cuando el calendario familiar lo permita.
Primavera (marzo-mayo): Flores silvestres en las montañas del Atlas, temperaturas perfectas en todo el país y días más largos para explorar. Muy solicitada por las familias que viajan en Semana Santa o a finales de primavera, antes de que acabe el curso escolar.
Verano (junio-agosto): Vayan a la montaña o a la costa, donde se está a gusto mientras Europa se asa de calor. Es la época en que las familias con niños en edad escolar tienen más margen. El desierto es demasiado caluroso, pero los valles de montaña y las ciudades de la costa son una delicia.
Otoño (septiembre-noviembre): Temporada de cosecha, comida excelente, temperaturas agradables y el resto de los niños ya de vuelta en el colegio (si los suyos tienen vacaciones de otoño, este es el sitio para pasarlas).
Invierno (diciembre-febrero): El desierto está en su mejor momento (días cálidos, noches frescas) y la nieve dibuja en el Atlas paisajes impresionantes. Las vacaciones de Navidad y las de febrero funcionan de maravilla. Hará falta ropa de abrigo para cuando caiga el sol, pero los días son soleados y agradables. Las familias que pasan las fiestas fuera de casa disfrutan de la novedad.
Adaptamos los itinerarios a cada estación: en verano, montaña y costa; en invierno, más desierto; en primavera y otoño, de todo. Ustedes se organizan según el calendario escolar de sus hijos, y nosotros según el clima.
Qué cambia cuando viajan con nosotros
Hemos organizado muchos viajes en familia por Marruecos. Esto es lo que esa experiencia les aporta.
La diferencia entre un viaje en familia correcto y uno que les une más está en los detalles. Esto es lo que nos han enseñado años organizando viajes en familia.
Lo decimos con conocimiento de causa. Hemos organizado muchos viajes en familia por Marruecos y sabemos qué funciona a cada edad, qué guías tienen paciencia con los más pequeños, qué alojamientos reciben de verdad a las familias y cuáles se limitan a aceptarlas, y cómo repartir el día para que nadie acabe con una rabieta.
Esa experiencia acumulada es la que ustedes aprovechan.
No todos los guías saben tratar con niños. Hay historiadores brillantes que no tienen paciencia con la capacidad de atención de un niño de siete años, y otros que son maravillosos con los niños pero aburren a los adultos.
Les asignamos guías capaces de interesar a varias generaciones a la vez: cuentan historias a los niños, dan profundidad a los adultos y tratan a los abuelos con respeto. Guías así no abundan, y solo trabajamos con ellos.
No tienen que pensar en:
Cómo llegar de Marrakech al desierto con tres niños
Qué restaurantes tienen baños limpios
Si el riad tiene habitaciones comunicadas
Qué pasa si alguien se pone enfermo
Cómo entretener a un niño de cinco años durante un trayecto de tres horas
Ya lo hemos pensado todo. El viaje transcurre sin tropiezos porque lo complicado queda resuelto antes de que lleguen.
¿Su hijo de ocho años se despierta enfermo? Cambiamos el plan del día. ¿El adolescente está agotado y quiere saltarse un museo? Perfecto: el guía va con los padres y los abuelos mientras él descansa. ¿El pequeño no quiere dormir la siesta y todo el mundo está de mal humor? Alargamos el rato de piscina y retrasamos la actividad de la tarde.
En un viaje en grupo, esta flexibilidad es sencillamente imposible, y es la principal razón por la que las familias eligen viajar en privado.
Tienen nuestro WhatsApp y su guía, nuestra línea directa. Si su hijo tiene fiebre a medianoche, nos escriben y les ponemos en contacto con asistencia médica en inglés. Si el adolescente pierde el pasaporte, sabemos exactamente qué hacer.
No somos un centro de llamadas en otro país: los teléfonos son nuestros y los contestamos nosotros.
Si con sus gemelos de tres años este viaje fuera a ser un calvario, se lo diremos. Si a su familia le conviene más otro itinerario, también. Y si una actividad no encaja con la movilidad de la abuela, les propondremos alternativas.
Preferimos perder una reserva a organizar un viaje que no vaya a salir bien.
Lo que los padres quieren saber
Son las preguntas que nos hacen todos los padres. Aquí van nuestras respuestas, sin rodeos.
Qué edades funcionan
Los más pequeños (2-4 años)
Es posible, pero requiere ajustes: jornadas más cortas, más descanso y flexibilidad con el paseo en camello (se puede sustituir por el 4x4). Hemos hecho viajes estupendos con niños de esta edad, pero conviene que los padres sean realistas con el ritmo.
Niños (5-8 años)
La edad ideal. Ya pueden participar en todo y todavía se asombran con facilidad. Los camellos les entusiasman sin darles miedo, los mercados les parecen una aventura y tienen una energía inagotable para explorar.
Preadolescentes (9-12 años)
Suele ser el grupo que más se implica. Entienden lo que ven y todavía no han llegado a esa edad en la que todo les parece cosa de niños. Hacen buenas preguntas, se quedan con lo que aprenden y disfrutan de cada experiencia.
Adolescentes (13-17 años)
Puede salir de cualquier manera. A algunos les encanta (sobre todo si les interesan la fotografía, la historia o la cultura), y otros se resisten al principio y luego cambian de opinión. Nuestra experiencia es que dejarles elegir algunas cosas (qué taller hacer, a qué actividades apuntarse) marca la diferencia.
Abuelos
Importa más la movilidad que la edad. Si pueden caminar a un ritmo moderado (en las medinas hay que andar, aunque sea despacio), suelen disfrutar mucho de este viaje. La historia, la artesanía y el ritmo pausado les atraen.
Seguridad: lo que hay que saber
Tráfico
Tienen un conductor privado que conoce las carreteras, así que no tendrán que orientarse por su cuenta con los niños en el asiento de atrás.
Comida
Comprobamos cada restaurante, así que comen donde sabemos que la cocina está limpia, y siempre con agua embotellada. Las familias que viajan con nosotros han tenido muy pocos problemas de estómago.
Medinas
El guía está pendiente de los niños, elegimos rutas que evitan las zonas más caóticas y a ellos se les pide que no se separen. Parece una aventura, pero todo está bastante controlado.
Calor
Programamos las actividades en las horas más frescas del día y dejamos la tarde para la piscina o el descanso. Salvo que nos lo pidan expresamente, evitamos los meses más calurosos para los viajes en familia.
Comida para niños quisquillosos
La cocina marroquí se adapta bastante bien a los niños, una vez que se conocen las opciones:
Opciones seguras
Cuscús solo (como el arroz)
Brochetas de pollo (como kebabs)
Albóndigas marroquíes (similares a las italianas)
Pan fresco (a los niños les encanta el pan marroquí)
Fruta (naranjas, dátiles, melones)
Pasta (en la mayoría de los restaurantes)
Tajín de pollo (suave, no picante)
Lo que evitamos con los niños
Platos demasiado picantes
Platos con texturas desconocidas
Casquería (hígado, riñones: muy habitual en Marruecos, pero fácil de evitar)
Plan B: La mayoría de los riads y hoteles pueden preparar pasta sencilla, pollo o tortilla para los más quisquillosos. Ningún niño ha pasado hambre en nuestros viajes.
Ritmo y descanso
Un día tipo
Actividad por la mañana (2-3 horas)
Regreso al hotel al mediodía
Almuerzo, piscina, descanso (2-3 horas)
Actividad a última hora de la tarde (1-2 horas) o más descanso
Cena temprano
A dormir
El día está pensado para ver cosas sin ir a la carrera, porque los niños (y los abuelos) necesitan descansar.
Qué llevar para los niños
Imprescindible
Protector solar de factor alto (hay que reaplicarlo a menudo)
Sombreros para todos
Zapatos cómodos para caminar (harán kilómetros)
Ropa por capas (en la montaña, las mañanas son frías y las tardes, cálidas)
Los tentempiés concretos que sus hijos necesiten (aunque en Marruecos también los hay)
Botiquín básico (tiritas, analgésico infantil)
Útil llevar
Toallitas húmedas (las medinas no siempre tienen baños limpios)
Gel desinfectante de manos
Una mochila pequeña para cada niño (para su agua y sus tentempiés)
Juegos de viaje para los trayectos
Su objeto de apego favorito, para los más pequeños
No carguen de más: Los riads y hoteles tienen servicio de lavandería, así que no hace falta ropa para dos semanas en un viaje de 10 días. Encontrarán más consejos en nuestra guía detallada de equipaje.
Todo lo que preguntan las familias
La edad ideal:5-12 años. Son lo bastante mayores para participar y lo bastante pequeños para que todo les impresione.
También funciona muy bien: Adolescentes (si les interesa viajar), niños pequeños (ajustando las expectativas), abuelos (si se mueven con soltura).
Difícil, pero posible: Bebés menores de 2 años (mucha logística y poco que puedan aprovechar), abuelos muy mayores con movilidad reducida (en las medinas hay que caminar).
En pocas palabras: si a sus hijos les gusta explorar y no son demasiado exigentes con la comida, casi cualquier edad funciona.
Los mejores meses para familias (primavera y otoño): - Marzo-mayo: Tiempo perfecto (21-27°C), flores silvestres y, si viajan en las vacaciones de Semana Santa (marzo/abril), los niños no pierden clases. - Septiembre-noviembre: Temperaturas agradables, temporada de cosecha, condiciones ideales.
Vacaciones escolares: - Verano (junio-agosto): Hace calor, pero es llevadero con el itinerario adecuado (más montaña y costa, menos desierto). Muchas familias no tienen otra opción, y el verano funciona bien. - Invierno (diciembre-febrero): Suave y, pasado el Año Nuevo, más tranquilo. En diciembre y enero se pueden aprovechar Navidad y Año Nuevo si su familia los celebra. Febrero es una delicia. - Semana Santa (marzo/abril): Uno de los mejores momentos para ir.
Mejor evitar, si es posible: El Ramadán, porque hay restaurantes que cierran durante el día. Se puede viajar igualmente, aunque es menos cómodo. Como las fechas cambian cada año, les asesoraremos.
Con niños pequeños (menores de 8 años):8-10 días son suficientes. Si se alarga, ellos (y ustedes) acaban cansados.
Con niños mayores o adolescentes:10-12 días funcionan muy bien. Aguantan más variedad y jornadas más largas.
Con abuelos: 10 días es una duración cómoda, que da para ver lo principal sin agotarse.
En general: No intenten meter demasiadas cosas. Es mejor ver menos y a fondo que recorrerlo todo a la carrera. Los niños valoran más la calidad que la cantidad.
Precios de partida (por persona): - 8 días: $2,400-2,800 (familia de 4) - 10 días: $2,900-3,400 (familia de 4) - 12 días: $3,600-4,200 (familia de 4)
Descuentos para familias: Los menores de 12 años suelen pagar un 20-30% menos que un adulto (comparten habitación, comen menos y algunas visitas son gratuitas o tienen descuento para niños).
Qué incluye: Todo el alojamiento (habitaciones o suites familiares), todos los desayunos, la mayoría de las cenas, conductor privado, guías privados, actividades, entradas, traslados al aeropuerto y paseos en camello.
Qué no incluye: Vuelos, almuerzos (con niños conviene tener flexibilidad), algunas cenas, tentempiés, bebidas, recuerdos y seguro de viaje.
Forma de pago: Un 30% de depósito al reservar y el 70% restante 30 días antes de la salida. Las condiciones de cancelación dependen de los hoteles y proveedores implicados; su propuesta las detalla antes de que reserven. Para reservas con 6 meses o más de antelación, podemos fraccionar el pago.
Sí. Hemos organizado el viaje de muchas familias a Marruecos y nunca hemos tenido un incidente de seguridad, más allá de alguna rodilla pelada al trepar por una kasbah antigua (algo que pasa en cualquier parte).
Por qué es seguro: - Transporte privado (no autobuses públicos) - Alojamientos comprobados, con acceso controlado - Guías que no pierden de vista a sus hijos - La baja tasa de delincuencia de Marruecos - Policía turística por toda la medina - Una cultura centrada en la familia (a los marroquíes les encantan los niños)
Precauciones de sentido común: Cuidado al cruzar la calle (el tráfico es caótico, así que crucen siempre con el guía o el conductor), con la deshidratación (lleven agua) y con el sol (sombrero y protector solar, sin excepciones), y no separarse en las zonas concurridas (como en cualquier ciudad).
Opciones para niños en todas partes: Cuscús solo o arroz, pollo a la parrilla o albóndigas, pan recién hecho (les encanta), pasta (la tienen la mayoría de los restaurantes), fruta (segura y deliciosa), tajín de pollo suave, huevos y tortillas.
Lo que evitamos con los niños: Platos picantes, texturas desconocidas y cualquier cosa que les pueda costar.
Para los quisquillosos: Hoteles y riads pueden preparar pasta sencilla, pollo o tortilla. Nunca hemos tenido un niño que no encontrara algo que comer.
Seguridad alimentaria: Siempre agua embotellada y solo restaurantes de confianza. La fruta fresca, pelada o lavada con agua embotellada. Tenemos cuidado porque sabemos que a los padres les preocupa.
Restricciones alimentarias: Vegetarianos, veganos, sin gluten, alergias: todo tiene solución. Basta con que nos lo digan durante la planificación.
Movilidad reducida: Si los abuelos usan bastón o caminan despacio, no supone ningún problema. Si necesitan silla de ruedas, algunas zonas (sobre todo las medinas) se complican. Conviene hablarlo con franqueza al planificar.
Dificultades de aprendizaje o necesidades sensoriales: Muchas familias con TDAH, autismo o diferencias en el procesamiento sensorial han hecho viajes que les han salido bien. Viajar en privado ayuda muchísimo (se controla el ritmo y uno puede retirarse cuando haga falta). Cuéntennos los detalles.
Necesidades médicas: Traigan la medicación necesaria. Hay farmacias, pero puede que no tengan las mismas marcas. Si hay alguna enfermedad importante, consulten a su médico antes de reservar.
Riads y hoteles: Normalmente sí, aunque no siempre es rápido.
Campamentos del desierto: Depende de la categoría del campamento: en unos hay y en otros no.
Durante los trayectos: Si hace falta, el móvil del guía puede hacer de punto de acceso.
Nuestro consejo: Disfruten de un poco de desconexión. A los niños, sobre todo, les sienta bien alejarse de las pantallas. Aun así, sabemos que los padres necesitan estar localizables, y tendrán conexión.
Por supuesto.
Combinaciones habituales: - España -> Marruecos (vuelo de Barcelona a Marrakech) - Marruecos -> Portugal (vuelo de Marrakech a Lisboa) - Ruta por varias ciudades europeas con Marruecos incluido (París -> Barcelona -> Marruecos -> Lisboa)
Ventajas: Se aprovecha mejor el vuelo largo, los niños ven más cosas y los adultos disfrutan de más variedad.
A tener en cuenta: No intenten abarcar demasiado. Dos semanas en total son suficientes. Si se alarga más, todo el mundo acaba agotado.
Podemos coordinar el viaje completo por varios países o solo la parte de Marruecos.
Tenemos protocolos: Una lista de médicos que hablan inglés en cada ciudad, un guía que puede llevarles de inmediato a un centro médico, asistencia 24/7 de nuestro equipo y muchos riads y hoteles con enfermera de guardia.
Lo más habitual: Pequeñas molestias de estómago (suelen pasar rápido), dolor de cabeza (por la altitud en la montaña) y resfriados leves.
Seguro de viaje: Muy recomendable. Cubre urgencias médicas, evacuación si hace falta y cancelación del viaje. Les enviaremos opciones una vez hecha la reserva.
Qué medicinas traer: Analgésico y antitérmico infantil, antidiarreico, antihistamínico, cualquier medicación con receta y un botiquín básico de primeros auxilios.
Planifiquemos su aventura en familia
Desde la primera conversación hasta su llegada a Marruecos, les acompañamos en un proceso sencillo, organizado en torno a lo que más importa a las familias: seguridad, flexibilidad y experiencias que disfruten todos.
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Háblennos de su familia
Lleva 5 minutos
Rellenen nuestro formulario de planificación para familias o pidan una llamada. Indíquennos las fechas, la edad y los intereses de los niños, si vienen los abuelos, cualquier necesidad alimentaria y qué les gustaría que cada uno se llevara de este viaje. Cuanto mejor conozcamos a su familia, mejor podremos diseñar el viaje.
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Reciban su itinerario a medida
En 48 horas
Un itinerario completo, hecho para su familia: día a día, con alojamientos adaptados, actividades adecuadas a cada edad y precios claros. Tenemos en cuenta las siestas, cuánto aguantan concentrados los niños y la movilidad de los abuelos. Nada genérico: un viaje a su medida.
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Lo afinamos juntos
¿Necesitan más tiempo de piscina? ¿Quieren añadir una clase de cocina que encantará a los adolescentes? ¿Les preocupa la jornada larga de carretera? Lo vamos ajustando juntos hasta que cada detalle funcione para todos. Sin límite de cambios y sin ninguna presión.
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Aseguren sus fechas
Un depósito del 30% confirma las fechas y los alojamientos de su familia. Las condiciones de cancelación dependen de los hoteles y proveedores implicados; su propuesta las detalla antes de que reserven. Nosotros nos ocupamos de todas las reservas y gestiones. Dos semanas antes de la salida recibirán la documentación completa del viaje, con consejos específicos para los niños, listas de equipaje y todo lo que necesiten.
5
Empieza la aventura
Su conductor privado les recibe en el aeropuerto con una bienvenida especial para los niños. Todo está organizado y cada necesidad de la familia, prevista. Solo tienen que llegar y dejar que sus hijos descubran Marruecos. Durante todo el viaje estamos disponibles 24/7 por WhatsApp.
¡Ahmed es el mejor! Nos lo enseñó todo y cuidó de nosotros: el mejor guía y anfitrión del mundo. Quédate con él y lo pasarás genial.
Traducido del inglés por Yalla Visit Morocco
Texto original (inglés)
Ahmed is the best! Showing us around, looking after us, the best guide and host ever. Stick with him and you’ll have a great time.
Sabemos que viajar con niños (y a veces con los abuelos) exige un cuidado especial. Todos nuestros alojamientos se han probado con familias, todos nuestros guías han demostrado su paciencia con los niños y cada itinerario incluye el descanso que las familias necesitan. Tendrán nuestro contacto directo durante todo el proceso y estaremos disponibles 24/7 durante el viaje. Lo hemos hecho muchas veces y sabemos lo que funciona.
Usamos cookies esenciales para que el sitio funcione y analíticas para saber qué viajes interesan a nuestros huéspedes. Usted decide.