Las montañas del Alto Atlas: el otro paisaje de Marruecos

Las montañas del Alto Atlas empiezan a las puertas de Marrakech: la entrada del valle de Ourika queda a 45 minutos en coche, e Imlil, a hora y media. En ellas le esperan pueblos bereberes, caminatas entre huertos en terrazas, las cascadas del Ourika y, desde Imlil, la subida al Toubkal. Puede hacer una excursión de un día sin cambiar de alojamiento o quedarse dos o tres noches en un pueblo de montaña.
Quien imagina Marruecos suele pensar en ciudades imperiales y dunas ondulantes. El Alto Atlas rara vez entra en esa imagen, y es un descuido. La cordillera recorre 700 kilómetros por el centro del país, con cumbres de más de 4.000 metros. El Toubkal, la cima más alta del norte de África, alcanza los 4.167 metros a unos 65 kilómetros al sur de Marrakech.
Además, estas montañas quedan a mano. Desde el centro de Marrakech se llega a terreno de alta montaña en menos de una hora, y esa cercanía cambia la forma de organizar el viaje. Más que un destino aparte que exija sus propios días, el Atlas es una prolongación de Marrakech, lo bastante cerca para ir y volver en el día y con entidad suficiente para estancias más largas.
Lo esencial del Alto Atlas
La cordillera y su geografía
La cordillera del Atlas tiene tres partes: el Alto Atlas, que atraviesa el centro de Marruecos de suroeste a noreste; el Atlas Medio, al norte, y el Anti-Atlas, al sur. Para la mayoría de los viajeros, el que cuenta es el Alto Atlas, donde están los grandes desniveles, los pueblos bereberes levantados en las laderas y la infraestructura necesaria para recorrer la montaña.
La cordillera marca el clima de Marruecos. La humedad del Atlántico choca contra las montañas, descarga en forma de lluvia o nieve sobre las laderas occidentales y deja la vertiente oriental cada vez más seca, hasta el Sahara. Por eso Marrakech y el desierto, que en línea recta no están tan lejos, tienen climas tan distintos. El Atlas se interpone entre ambos y retiene la humedad. Muchos viajeros combinan unos días de caminata en la montaña con alguna noche en el desierto, dos paisajes que se complementan.
Las montañas conservan también una cultura bereber propia. La geografía trajo el aislamiento, y el aislamiento mantuvo lenguas, técnicas de construcción y formas de cultivo que en otros lugares cambiaron. Lo que se ve en un pueblo del Atlas son soluciones arquitectónicas pensadas para problemas concretos: el terreno empinado, los cambios de temperatura, la escasez de materiales y la necesidad de defenderse de las incursiones de otros tiempos.
Cómo se llega
Tres carreteras principales unen Marrakech con el Alto Atlas. La de Imlil va hacia el sur por Tahanaout y Asni y sube de forma constante hasta los 1.740 metros, donde se acaba la carretera y toman el relevo las mulas. Es la puerta de entrada al trekking del Toubkal, a 90 minutos en coche del centro de Marrakech.
La del valle de Ourika va hacia el este y el sur siguiendo el río Ourika por gargantas cada vez más estrechas. Los fines de semana, el valle se llena de familias marrakechíes que escapan del calor de la ciudad. De lunes a jueves hay menos gente. A la entrada del valle se llega en 45 minutos, aunque la mayoría sigue otros 30 minutos hasta Setti Fatma, donde empiezan los senderos.
El paso del Tizi n'Tichka atraviesa la cordillera de lado a lado y une Marrakech con Ouarzazate y, más allá, con el desierto. La carretera sube hasta los 2.260 metros entre docenas de curvas cerradas y pasa junto a pueblos bereberes que parecen construidos en vertical. Es la ruta que tomará si va al Sahara en coche. Calcule cuatro horas para los 200 kilómetros hasta Ouarzazate, y más si se detiene a hacer fotos o pasa parte de la subida detrás de un camión.
El estado de las carreteras depende de la estación y de la altitud. Las asfaltadas suelen estar bien, aunque son estrechas. La lluvia provoca a veces cortes temporales y, por encima de los 2.000 metros, la nieve puede cerrar los puertos entre diciembre y marzo. En la montaña, las estaciones no siguen el mismo calendario que en el desierto o en la costa. La primavera y el otoño son las mejores épocas, y en invierno la nieve limita el acceso a las zonas altas. Los conductores de la zona saben qué rutas están despejadas cada día. Hágales caso.

Qué se hace en la montaña
Puede cruzar la cordillera en coche, parar a hacer fotos y volver a Marrakech, pero así se perderá casi todo lo que ofrecen estas montañas. Para apreciarlas conviene recorrer sus senderos a pie, sentarse en la plaza de un pueblo y ver cómo la vida allí arriba lleva un ritmo distinto del de la ciudad.
Para conocer los valles basta con una excursión de un día desde Marrakech. En el valle de Ourika hay restaurantes construidos sobre el río, paseos cortos hasta las cascadas y alfareros que trabajan en pequeños talleres, y por la noche ya está de vuelta en Marrakech. Imlil funciona igual, con caminatas más largas si sale temprano.
Quedarse varios días supone dormir en los pueblos de montaña. En Imlil y Ait Benhaddou encontrará gites y pequeños hoteles, además de alguna kasbah reconvertida aquí y allá. No son alojamientos de lujo según los estándares de la ciudad: habitaciones sencillas, baños sin pretensiones, calefacción irregular. A cambio, tiene los senderos a un paso al amanecer, cuando la luz llega rasante a los valles y los caminos son solo suyos.
Excursión de un día o noches en la montaña
Para el valle de Ourika (cascadas, restaurantes junto al río) o una primera visita a Imlil, una excursión de ida y vuelta funciona bien. Dormir en una casa de huéspedes de montaña le da lo que la excursión nunca alcanza: los senderos con la primera luz, antes de que llegue la gente, y la calma de la plaza del pueblo al caer la tarde.
Si dispone de 2-3 noches, páselas aquí arriba. Si no, una excursión bien elegida también compensa.
Hay rutas para todos los niveles. Los paseos por los valles están al alcance de cualquiera con una forma física normal. Subir al Toubkal exige una buena preparación, equipo para el frío y, normalmente, dos días con una noche en el refugio. No hace falta técnica de escalada, pero la altitud afecta a todo el mundo, y a muchos senderistas el tramo final hasta la cumbre se les hace más duro de lo previsto, porque a 4.000 metros cuesta respirar y mantener el ritmo.
En los pueblos se construye a favor del terreno. Las casas se escalonan por las laderas y la azotea de una sirve de terraza a otra. Los canales de riego excavados hace siglos siguen regando los huertos. Los zocos semanales se celebran en pueblos concretos, donde los agricultores venden sus productos y las familias hacen las compras grandes del año. Son mercados que atienden a la gente de la zona, no atracciones turísticas, aunque los visitantes pueden recorrerlos con toda libertad.

Imlil, Ourika, Ait Benhaddou y Ouzoud
Imlil es la base principal para subir al Toubkal. El pueblo está al final del asfalto, y de ahí para arriba siguen las mulas y los senderistas. El alojamiento va desde gites sencillos hasta un hotel boutique en condiciones, con habitaciones caldeadas y buena cocina. Se recorre entero en diez minutos. Lo que invita a quedarse son los senderos de alrededor.
Desde Imlil se pueden hacer varias caminatas de una jornada sin subir tanto como para notar la altitud. Aroumd, que en algunos mapas aparece como Armed, queda a 40 minutos valle arriba, entre nogales y huertos en terrazas, con las casas apiladas en un bloque sobre el rellano que domina el cauce; es el pueblo más alto del valle de Ait Mizane, y la mayoría de los caminantes sigue más allá, hacia el hombro desde el que aparece el Toubkal. Para continuar, vaya con un guía local acreditado: por encima del pueblo, donde el sendero entra en el Parque Nacional del Toubkal camino de Sidi Chamharouch, los gendarmes revisan la documentación, y quien vaya sin guía debe contar con que le hagan dar media vuelta. Tamatert queda al este de Imlil, a 1.810 metros, en la pista que sube hacia el puerto del mismo nombre, entre canales de riego y pastores que van moviendo los rebaños de pasto en pasto según la estación. Por encima del pueblo, la pista sigue hasta el mismo collado. Para ir al mercado hay que tomar la dirección contraria, cuesta abajo: Asni celebra el zoco semanal del valle el sábado por la mañana. Organizamos un día privado de senderismo sobre Imlil por este mismo terreno, con una salida lo bastante temprana para terminar la subida antes de que el sol supere la cresta.

El valle de Ourika se recomienda a menudo porque está cerca y sus cascadas se ven sin esfuerzo. El valle bajo se ha llenado de restaurantes y casas de huéspedes, mientras que pasado Setti Fatma el valle alto es más tranquilo. La subida a las siete cascadas es muy concurrida, pero el desnivel se encarga de repartir a la gente. El sendero sube sin tregua, a ratos empinado, y en cada salto de agua hay un sitio donde parar.
El valle permite caminar con comodidad sin comprometerse a hacer noche fuera. Puede valorar las condiciones sobre la marcha, darse la vuelta si cambia el tiempo y estar en Marrakech para la cena, lo que lo hace adecuado para familias y para senderistas con poca experiencia. Nuestro día en el Ourika sale de Marrakech lo bastante temprano para llegar al valle alto antes que los autocares, y después le sube a almorzar a la terraza de una kasbah que domina el valle.
En rigor, Ait Benhaddou está en la zona presahariana, más allá del Alto Atlas, pero la mayoría de los visitantes llega cruzando el Tizi n'Tichka. El pueblo fortificado, reconocido por la UNESCO, es muy fotografiado, y los equipos de rodaje lo utilizan con regularidad. En los años cuarenta vivían dentro de las murallas cerca de un centenar de familias; hoy quedan menos de una docena. El resto se ha mudado al pueblo más reciente, al otro lado del río, donde el agua y la electricidad son fiables.
Merece la visita a pesar de los turistas. Su arquitectura de adobe es un ejemplo de diseño defensivo adaptado a una zona sísmica. Las torres refuerzan los muros, las habitaciones se traban unas con otras para ganar estabilidad y todo el conjunto sigue el contorno de la colina sobre la que se asienta. Vaya a primera hora, antes de que lleguen los grupos, o a última hora de la tarde, cuando la mayoría ya se ha marchado.
Las cascadas de Ouzoud están al noreste de Marrakech, ya en el Atlas Medio, pero suelen agruparse con las visitas al Alto Atlas. El agua cae 110 metros en tres saltos. En la zona viven macacos de Berbería, que se acercan a los visitantes que parecen llevar comida. Son animales salvajes, aunque están acostumbrados a la gente. No les dé de comer, por mucho que algunos lugareños le animen a hacerlo.
Aquí el agua corre todo el año, a diferencia de muchas cascadas estacionales. Varios senderos llevan a distintos miradores, y en el paseo por detrás de las cascadas acabará mojado por las salpicaduras. Los restaurantes se alinean al borde del cañón y la calidad es desigual; los mejor valorados están en el extremo del aparcamiento.
Qué esperar en cada estación
La primavera trae el deshielo y las flores silvestres. De marzo a mayo las montañas reverdecen y los ríos bajan crecidos. Por encima de los 2.500 metros, los senderos se quedan sin nieve pero siguen embarrados. Es la mejor época para caminar, si no le importa el suelo mojado. A media altura (1.500-2.000 metros), los días rondan los 12-22°C y las noches bajan a 5-10°C.

La floración llega a su punto álgido en abril, cuando las laderas se cubren de jara, lavanda y especies endémicas que no crecen en ningún otro lugar. Si le interesa la botánica, merece la pena elegir abril para el viaje. Es también el mes preferido de los fotógrafos, por el verde del paisaje y las nubes.
Por qué abril
Abril reúne más ventajas que cualquier otro mes para recorrer el Atlas: senderos abiertos y todavía verdes por el deshielo, las flores silvestres en su mejor momento, temperaturas agradables (ni demasiado calor ni demasiado frío) y menos gente que en pleno verano.
Para abril, reserve el alojamiento con 3-4 semanas de antelación. Es cuando también vienen las familias marroquíes, y las casas de huéspedes de montaña son pequeñas.
En verano, el calor hace incómodas las zonas bajas, pero se abren los senderos altos. De junio a agosto, Marrakech llega a 38-42°C, mientras que a 2.000 metros las temperaturas se mantienen durante el día en torno a 25-28°C y las mañanas son frescas. Muchas familias marroquíes suben entonces a los pueblos de montaña huyendo del calor de la ciudad, y el alojamiento se llena antes, sobre todo los fines de semana.
Todo el verano es buena época para las rutas de altura. Julio y agosto son los meses de tiempo más asentado para subir al Toubkal, y apenas llueve. En las laderas orientadas al norte la nieve aguanta hasta junio, y por la tarde las tormentas se forman deprisa. Empiece el ataque a la cumbre muy temprano para ir ya de bajada cuando cambie el tiempo.
El otoño se parece a la primavera, y octubre es un mes de tiempo especialmente estable. En los valles, septiembre todavía puede parecer verano. En noviembre caen las primeras nevadas en las cumbres de más de 3.500 metros. A finales de octubre, los árboles de hoja caduca de los valles cambian de color, aunque el Atlas no tiene el espectáculo otoñal de los bosques templados.
De diciembre a febrero, la nieve cubre las cumbres y las laderas altas, y se puede esquiar en Oukaïmeden, a unos 80 kilómetros de Marrakech y la estación más alta de África, algo por encima de los 3.200 metros. Funciona cuando la nieve lo permite, que en un invierno flojo son unas pocas semanas, y los remontes y las tiendas de alquiler son básicos comparados con los de Europa o Norteamérica. Las demás áreas de esquí marroquíes son pequeñas y abren de forma irregular; la más desarrollada es Michlifen, junto a Ifrane, en el Atlas Medio, mucho más al norte y al servicio de Fez y Mequínez.
Equipo para el invierno
Caminar en invierno exige el equipo adecuado. Los senderos bajos (por debajo de 2.000 metros) siguen siendo transitables, aunque pueden estar embarrados y fríos. De noche, las temperaturas bajan de cero a cualquier altitud de la montaña.
Los pueblos que en verano parecen encantadores muestran en invierno los límites de su calefacción. Donde las hay, las estufas de leña dan calor. Si viaja entre diciembre y febrero, lleve ropa para vestirse por capas, botas impermeables y unas expectativas realistas sobre la calefacción de las casas de huéspedes.
Para quién es la montaña
Para el viajero activo, el atractivo del Atlas es evidente. Si entre sus planes está caminar, escalar o montar en bicicleta de montaña, aquí encontrará terreno para todo, desde paseos suaves por los valles hasta ascensiones técnicas, y la infraestructura necesaria sin tener que organizar una expedición.
Las familias con hijos que ya aguantan caminatas largas (normalmente a partir de los 8-10 años) pueden hacer los senderos de los valles y visitar los pueblos. El terreno pone a prueba físicamente a los niños y, de paso, les enseña lo distinta que es la vida en la montaña. A los más pequeños, en cambio, caminar puede aburrirles y la altitud, cansarles.
Los fotógrafos encuentran paisajes a gran escala y una luz cambiante. La niebla matinal llena los valles, se levanta a media mañana y deja el paisaje en planos superpuestos. Por la tarde, el sol cae oblicuo sobre las crestas. La arquitectura aporta formas geométricas, y la gente que trabaja en los bancales o guía las recuas de mulas pone la nota humana.
Los aficionados a la buena mesa descubrirán una cocina de montaña distinta de la del llano. En las casas bereberes se cocina con lo que se da en altura: nueces, almendras, aceitunas, cebada, hortalizas de raíz. Los tajines llevan hierbas de montaña, y la hospitalidad pasa por el té y el pan recién horneado. Algunas casas de huéspedes ofrecen clases de cocina centradas en las técnicas bereberes.
El Atlas no es para todo el mundo. Si va justo de tiempo, quizá prefiera dar prioridad al desierto o a la costa. A quien no se sienta a gusto en un alojamiento sencillo, las casas de huéspedes de montaña pueden parecerle demasiado rústicas. Y a quien le cueste caminar distancias largas, la montaña le ofrecerá poco más que los recorridos panorámicos en coche.
El Atlas dentro de un viaje más largo
La forma más sencilla de sumar el Atlas al viaje es una excursión de un día desde Marrakech. El valle de Ourika se presta a ello: salida por la mañana, almuerzo junto al río, caminata por la tarde y vuelta para la noche, sin cambiar de alojamiento ni tocar el resto del itinerario.
Dos o tres noches en un pueblo del Atlas son la medida justa para quien quiere conocer la montaña más a fondo sin dedicar una semana entera al trekking. Alójese en Imlil o en una kasbah reconvertida, haga cada día una caminata de distinto nivel y disfrute de la calma del pueblo al atardecer y de la luz de la mañana. Es un buen equilibrio entre los días de montaña y las limitaciones del calendario.
Las travesías de varios días se planifican de otra manera. El circuito clásico del Toubkal lleva de tres a cuatro días, aunque un senderista en forma puede hacerlo en dos. Hay otros circuitos, como el valle de Azzaden o Ait Bouguemez, y travesías más largas que enlazan varios valles. Todos exigen organizar con antelación las mulas, los guías (obligatorios en algunas zonas) y el alojamiento en refugio o en tienda.
El Atlas sirve también de transición entre Marrakech y el Sahara. En lugar de hacer el trayecto de una tirada, divídalo con una noche en Ait Benhaddou o en el valle del Dadès. Serán dos jornadas más cortas en vez de una muy larga, con buenas paradas por el camino, y verá cómo el paisaje pasa de la montaña al predesierto.
Algunos itinerarios trazan un circuito: salida de Marrakech, rumbo al sur por el Atlas hasta el desierto y vuelta por la costa, pasando por Essaouira. No se repite camino y se recorren cuatro regiones distintas: ciudad, montaña, desierto y costa. Después de caminar por la montaña, el ambiente costero de Essaouira es ideal para recuperarse.
Cuestiones prácticas
Para moverse por la montaña hace falta un vehículo privado o un grand taxi compartido. Hay transporte público, pero sus horarios encajan mal con las horas en que conviene empezar a caminar. La mayoría de los visitantes contrata un conductor privado, a través del alojamiento o de una agencia de viajes, lo que permite parar en los miradores y adaptar el horario a las condiciones.
Conductor privado
Un conductor privado cuesta más que un taxi compartido, pero da una flexibilidad que en rutas de montaña resulta fundamental. Sabe qué carreteras están despejadas después de la lluvia y dónde parar a hacer fotos, y puede ajustar los horarios si prefiere caminar más o menos.
Resérvelo a través de su alojamiento o de una agencia de confianza, y evite cerrar el trayecto con el primero que se le ofrezca en Marrakech: la calidad y la fiabilidad varían mucho.
En temporada alta (abril-mayo, octubre, julio-agosto) conviene reservar el alojamiento con antelación. Las casas de huéspedes de montaña son pequeñas, a menudo de 6-12 habitaciones, y se llenan enseguida cuando hace buen tiempo. Para esas fechas, reserve como mínimo dos semanas antes. En temporada media hay más margen para improvisar.
Pocas habitaciones
Los alojamientos de montaña no tienen la capacidad de los hoteles de ciudad. Una casa de huéspedes muy solicitada en Imlil puede tener 8 habitaciones en total, y en abril u octubre las 8 pueden estar reservadas con 3-4 semanas de antelación.
Si sus fechas son fijas y caen en temporada alta, reserve primero el alojamiento de montaña y organice el resto del itinerario en torno a ellas.
Los guías son opcionales en los senderos del valle, bien marcados y donde cualquier pastor le devuelve al camino bueno. En el Toubkal no lo son: desde finales de 2018, las autoridades exigen un guía local acreditado desde Imlil hasta el refugio y la cumbre, y gendarmes y agentes de la autoridad local revisan la documentación en varios controles durante la subida. En las rutas más solitarias entre valles conviene llevar uno de todos modos, porque saben qué puertos siguen con nieve y en qué casas le darán de comer.
Hay cobertura de móvil en los pueblos principales y en los valles, pero desaparece en los senderos y en las zonas apartadas. No se fíe de las aplicaciones de navegación. Lleve mapas en papel o descargados para usarlos sin conexión, y avise en su alojamiento de por dónde va a caminar y a qué hora piensa volver.
Los manantiales, los arroyos y las fuentes públicas de los pueblos dan agua con regularidad en los valles habitados. Más arriba, y en las zonas apartadas, lleve la suficiente. La mayor parte del agua de montaña está limpia, pero unas pastillas potabilizadoras o un filtro no están de más.
La decisión
El Alto Atlas no llama tanto la atención como los destinos más famosos de Marruecos: hay que elegirlo a propósito. Y tiene sentido hacerlo si en sus viajes valora la actividad física, la variedad de paisajes y ver cómo la geografía moldea una cultura.
La montaña también alivia el calor. Si viaja en verano, pasar tiempo en el Atlas le dará un respiro frente a las temperaturas del llano, e incluso una sola noche en altura se nota.
Tenga en cuenta la montaña al planificar sus días en Marrakech. Con tres o cuatro noches en la ciudad cabe una escapada a Ourika sin prisas, y una semana en Marrakech admite sin problema dos o tres noches en Imlil.
El Atlas convierte un viaje de turismo puramente cultural en algo que combina la cultura con el aire libre. Suele atraer a quien se impacienta si pasa todo el tiempo entre ciudades y mercados, prefiere caminar a pasar horas en el coche y quiere entender cómo la variedad del terreno explica las diferencias entre las regiones de Marruecos.
Si busca un Marruecos menos visitado, la montaña no le defraudará. Se cruzará con familias marroquíes de excursión de fin de semana y con montañeros experimentados, pero nada parecido a la afluencia de la medina de Marrakech o de los campamentos del Sahara. La vida de los pueblos gira en torno a sus vecinos, y el turismo es un ingreso complementario.
El Alto Atlas se ve desde las azoteas de Marrakech. Queda cerca y da para llenar todo el tiempo que quiera dedicarle. Es el otro paisaje de Marruecos, el que no aparece en la imagen que uno se hace del país, pero que cambia el viaje de quien lo recorre como es debido.
Antes de reservar
Sin prisas
El Atlas premia a quien le dedica tiempo. Un paseo por la mañana entre los huertos en terrazas le enseñará más sobre el Marruecos de montaña que subir a toda prisa al Toubkal para hacerse la foto en la cumbre. Camine despacio, siéntese en la plaza de un pueblo y observe cómo cambia la luz sobre los valles.
¿Está pensando en unos días de montaña en Marruecos? La altitud, el terreno y la estación entran en el plan desde el principio. Podemos incluir refugios de montaña en una luna de miel, elegir caminatas a la medida de los niños para un viaje en familia, llevar un viaje cultural a los pueblos bereberes o dedicar una experiencia gastronómica a la cocina de montaña. Cuéntenos qué busca.